Frenillo lingual en niños: cuándo actuar y cómo ayudamos desde GlobalDent Manzanares

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Hay cosas que, hasta que te tocan de cerca, ni sabías que existían. El frenillo lingual corto es una de ellas. Muchos padres vienen preocupados porque su peque no pronuncia bien, o porque le cuesta mover la lengua como otros niños, o simplemente porque el pediatra ha mencionado “anquiloglosia” y ya ha saltado la alarma en casa. Tranquilidad ante todo: esto tiene solución y, sobre todo, no siempre pasa por cirugía.

¿Qué es realmente el frenillo lingual y por qué puede dar problemas?

Todos tenemos un frenillo bajo la lengua. Es ese “hilito” que la une al suelo de la boca. Nada raro. El problema aparece cuando ese frenillo es demasiado corto o está insertado muy cerca de la punta de la lengua. Entonces la lengua se mueve menos de lo que debería y llegan los líos.

¿Cómo se nota en los peques? Cada caso es distinto, pero algunos signos muy comunes son:

  • Dificultad para pronunciar ciertos sonidos (la R suele ser la primera sospechosa).

  • Problemas al sacar la lengua o al moverla de un lado a otro.

  • Dificultad con alimentos que necesitan más habilidad lingual, como trozos pequeños.

  • En bebés: problemas con la lactancia, porque la lengua no puede hacer el sellado perfecto.

A esto se le llama anquiloglosia, un nombre de esos que asustan más de lo que deberían. Pero tú quédate con la idea general: la lengua no tiene la libertad que necesita.

¿Siempre hay que cortar el frenillo? Pues no.

Aquí viene la parte importante: no todos los frenillos cortos necesitan intervención quirúrgica. Lo que hacemos en GlobalDent Manzanares es valorar cada caso con calma, mirar la movilidad real de la lengua y ver si afecta al habla, a la alimentación o a la respiración.

A veces basta con:

  • Ejercicios guiados de movilidad lingual.

  • Revisión periódica.

  • Derivación a logopedia si es necesario.

Dicho de otra forma: no hacemos cirugía “porque sí”. Solo cuando el frenillo realmente limita y no hay otra manera de mejorar la función.

¿Y cuándo sí hay que intervenir?

Cuando la lengua no puede hacer su trabajo con normalidad y eso afecta a la vida del niño, la opción efectiva es una pequeña intervención llamada frenectomía. Suena a operación espacial, pero es un procedimiento sencillo y rápido.

Los motivos más habituales para intervenir son:

  • Problemas claros de pronunciación que no mejoran.

  • Limitación evidente al mover la lengua.

  • Dificultades en lactancia que generan dolor o poca ganancia de peso.

  • Dificultades en la deglución.

En GlobalDent contamos con profesionales con experiencia en este tipo de intervenciones. Aquí nada se hace con prisas; explicamos a los padres cada paso, cómo será la recuperación y qué ejercicios habrá que hacer después para que todo funcione mejor que antes.

La intervención: rápida, precisa y sin drama

La frenectomía suele durar apenas unos minutos. El pequeño entra, se relaja, hacemos la intervención con total delicadeza y sale con la sensación de “¿ya está?”. De hecho, muchos padres se sorprenden de lo poco que se tarda.

Después, toca la parte más importante: los ejercicios de movilidad. Esto sí que es clave, porque ayudan a que la lengua aproveche esa nueva libertad y no vuelva a limitarse por hábito.

Vamos, que es como abrir una puerta que llevaba tiempo atascada… pero luego hay que usarla para que no vuelva a bloquearse.

¿Cuándo debería un padre plantearse una revisión del frenillo?

Toma nota de estas situaciones típicas:

  • Tu hijo no pronuncia ciertas letras y el logopeda menciona un posible frenillo corto.

  • No puede sacar bien la lengua o tocarse los labios con ella.

  • Al comer, parece que “no llega” a ciertos movimientos.

  • En bebés, hay chasquidos en la lactancia, dolor continuado o poca succión.

Si aparece alguna de estas señales, lo ideal es una valoración. Rápida, sencilla y sin compromiso. Más que nada para salir de dudas y ver si realmente hay limitación o simplemente es una fase del desarrollo.

En GlobalDent Manzanares acompañamos a los peques (y a los padres)

Aquí tratamos a los niños con la misma cercanía con la que nos gustaría que tratasen a los nuestros. Nada de consultas frías ni lenguaje distante. Les explicamos qué vamos a hacer, les damos seguridad y dejamos claro que vienen a mejorar, no a sufrir.

La clave: cada niño es un mundo y su tratamiento, también.

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